La provincia de Toledo es una provincia española, en la parte occidental de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Limita con las provincias de Madrid, Cuenca, Ciudad Real, Badajoz, Cáceres, y Ávila.
Toledo es la capital de la provincia de Toledo y de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Situada en la margen derecha del Tajo, en una colina de cien metros de altura sobre el río, el cual la ciñe por su base, formando un pronunciado meandro conocido como torno del Tajo.
El primer asentamiento fijo que se conoce en la ciudad es una serie de castros, sobre los que después se levantó la ciudad celtibérica amurallada, uno de los más importantes centros de los carpetanos.
En el año 192 a.C., y tras una gran resistencia, es conquistada por Marco Fulbio Nobilior. Los romanos reconstruyeron la ciudad y la denominaron Toletum, que quedó integrada en la provincia cartaginense y desarrolló una importante industria del hierro que la llevó a acuñar moneda. La zona donde se asentaba la ciudad sufrió un profundo proceso de romanización, como atestiguan los numerosos restos de villas romanas, especialmente en la ribera del Tajo.
Tras las primeras incursiones bárbaras se reedificaron la antiguas murallas con objetivos defensivos; a pesar de ello en el año 411 fue conquistada por los alanos, quienes fueron a su vez derrotados por los visigodos en el año 418.
En el año 711 fue conquistada por Tarik y sometida al dominio musulmán, perdiendo la capitalidad.
El predominio de gran población mozárabe la convirtió enseguida en un foco de continua preocupación para Córdoba. En 797, durante el emirato de Alhakán I, estalló una sublevación contra Córdoba. El emir envió al muladí oscense Amrús ben Yusuf para someter la ciudad. Amrús diezmó a los muladíes locales mediante un cruel ardid. Se trata del suceso conocido la jornada del foso. Amrús organizó un banquete en el palacio del gobernador e invitó a comer a los muladíes principales de la ciudad. A las puertas de la residencia, hizo apostar unos verdugos y, a medida que iban llegando los invitados, se les cortaba el cuello, siendo arrojado el cadaver a una zanja. De esta manera, el emir consiguió someter por un tiempo el espíritu sumiso de los toledanos.
Finalmente, Abd al-Rahman III aplastó la endémica rebelión de la ciudad de Toledo (julio de 932), tras un asedio de dos años, sometiéndola al califato cordobés. Al desintegrarse el califato (siglo XI), Toledo se convirtió en un importante reino de taifa, que no obstante, tuvo que pagar parias a los reyes de Castilla para mantener su independencia.
El 25 de mayo de 1085, Alfonso VI de Castilla entra en Toledo, mediante un acuerdo previo con el taifa que la gobernaba. Mediante el acuerdo de capitulación, el rey castellano somete el reino, garantizando a los pobladores musulmanes la seguridad de sus personas y bienes. El rey concedió fueros propios a cada una de las minorías existentes: mozárabes, musulmanes y judíos. Tras la conquista de la ciudad, sobrevino el periodo de mayor esplendor de Toledo.
Durante la guerra civil castellana Toledo luchó al lado de Pedro I y, tras sufrir un largo asedio, fue tomada en enero de 1369. A lo largo de toda la Edad Media la ciudad fue creciendo: en el siglo XIV recibió privilegio ferial, y en el XV se convirtió en uno de los principales productores pañeros castellanos, actividad que se sumó a las ya existentes de acuñación de monedas, fabricación de armas, industria sedera, etc
Posteriormente, con la decisión de trasladar la corte a Madrid, adoptada por su hijo Felipe II, en el año 1563, la ciudad perdería gran parte de su peso político y social. La ruina de la industria textil acentuaría la decadencia de Toledo, muy pareja a la de la propia historia de España.
Al estallar la Guerra Civil española, la ciudad quedó en la zona republicana, pero el Alcázar, en el que se encontraba instalada la academia militar, se convirtió en un reducto de los sublevados que resistió hasta la llegada de las tropas del general Varela (28 de septiembre de 1936).