Orense (oficialmente, Ourense) es una provincia del noroeste de España, en la parte sureste de la comunidad autónoma de Galicia. Limita con las provincias de Pontevedra al oeste, Lugo al norte, León y Zamora al este, y con Portugal al sur. Su capital es la ciudad de Orense.
Bautizada por los romanos como «la ciudad del oro» por su enorme abundancia de este metal, fue una importante ciudad de la provincia romana de Hispania hasta que se agotaron sus reservas del apreciado metal dorado, que se podía encontrar en el curso del propio río Miño.
También atrajo a los romanos por sus fuentes de aguas termales, actualmente conocidas como As Burgas (nombre derivado del bajo latino burca, que significa pila), que salen a temperaturas entre los 60 y los 100º. Aparte de estas fuentes termales, hay más repartidas por la ciudad. Destacan por ejemplo, las termas de A Chavasqueira, de uso público y gratuito.
Después de la dominación romana, Orense siguió siendo una ciudad importante debido al puente sobre el río Miño, cuyos pilares todavía son romanos y que ha sido reconstruído múltiples veces a los largo de la historia. Esta situación estratégica hicieron de la ciudad un importante núcleo comercial desde la Edad Media, y favoreció su crecimiento una vez llegado el siglo XX. La construcción, en 1860, de la carretera nacional Villacastín-Vigo y las nuevas líneas férreas provocan un período de crecimiento de la ciudad y del casco urbano, construyéndose un nuevo puente y nuevos barrios a su alrededor.
Se produce un vacío tras las incursiones árabes y normandas del siglo X y XI, tras el cual, se inicia una lenta recuperación. En el 1084, el obispo Ederonio restaura la Catedral sobre las ruinas de la antigua, aunque poco tiempo ejerció su labor, pues en 1188, ya se consagra la nueva. Doña Teresa de Portugal concede la jurisdicción de la ciudad al obispo y a sus sucesores en 1122, ostentándolo hasta 1628.
En época moderna, Felipe el Hermoso y Juana la Loca preparan su entrevista con el rey Fernando el Católico.
Nace la primera casa consistorial en el siglo XVI. Los jesuitas y dominicos rompen el monopolio que ejercían los franciscanos con su llegada en el siglo XVII.