Girona es una provincia de España, en la parte norte de la comunidad autónoma de Catalunya. Limita con las provincias de Barcelona y Lleida, y con Francia y el Mar Mediterráneo.
La ciudad de Girona es la capital de la provincia, donde viven un poco más de una octava parte de los habitantes de la provincia. Por Girona pasan los ríos Ter, Güell, Galligants y Onyar.
El casco antiguo de Girona está cercado por inmensos lienzos de muralla que se pueden recorrer por el Paseo Arqueológico y el Paseo de la Muralla, con bello mirador sobre la ciudad.
Muy características de Girona son las casas colgadas sobre el río Onyar. Estas pintorescas casas construidas a lo largo de los siglos al lado del río ofrecen una imagen espléndida de una pequeña ciudad mediterránea.
Dentro de la encrucijada de callejones medievales destaca la Judería, El Call, donde vivió hasta finales del siglo XV una reducida comunidad. Se trata de uno de los núcleos medievales mejor conservados de Europa. Destaca en él el Centro Bonastruc Ça Porta, la antigua sinagoga convertida hoy en centro de estudios. Al lado norte del centro se encuentra el Montjuïc, o monte de los Judíos.
En la Plaza de la Catedral son importantes la Casa Pastors, un edificio renacentista actual Palacio de Justicia, y la Pia Almoina. En esta plaza está la Catedral o Santa Maria, construida entre los siglos XI-XVIII y que ofrece cuatro estilos arquitectónicos: románico, gótico, renacentista y barroco.
El recorrido por el barrio viejo puede concluir en el Passeig Arqueològic, con las torres Júlia y Cornèlia; y los Baños Árabes, caracterizados por su linterna cupulada superior, al final del paseo.
Historia de la ciudad de Girona
Los primeros pobladores fueron lis íberos, hasta la ocupación romana en que Gerunda se convirtió en una plaza fuerte. Después de una época bajo el dominio visigodo pasó a manos de los moros a finales del siglo VIII cuando Carlomagno la recuperó para formar la Marca Hispánica.
Guifré I el Pilós incorporó Girona al condado de Barcelona en el siglo IX. En el siglo XII, Alfonso I atorgó a Girona el privilegio de convertirse en municipio. A finales del siglo XIII, Felip II l'Ardit asedia la ciudad.
El siglo XIII también es la época de máximo esplendor de la comunidad judía de Girona. Cabe destacar la importancia de la escuela cabalística de Girona, destacando el rabino Nahmanides o Bonastruc ça Porta, que llegó a ser Gran Rabino de Catalunya. La comundad judía entró en decadencia en el siglo XIV, hasta que los judíos fueron expulsados de España por los Reyes Católicos. Hoy en día, el Call de Girona es uno de los mejor conservados de Europa y una de las atracciones turísticas de Girona.
Durante los siglos XV, XVI y XVII la ciudad continúa creciendo y se van ampliando las murallas, que servirán a la ciudad para resistir los distintos asedios que sufrieron a finales del siglo XVII y principios del XVIII por parte de las tropas francesas. Finalmente el ejército de Napoleón consiguió entrar a la ciudad en el año 1809 después de siete meses de asedio.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX es cuando se derrumban las murallas, y Girona empieza a coger la forma que conocemos actualmente.